Hace algunos años, antes de decidir dedicarme profesionalmente a la escritura, hacía algunas traducciones literarias. Recuerdo que, conversando con un autor estadounidense que buscaba traducir una de sus novelas cortas al español, me contó algo que me sorprendió.
Sus libros apenas se vendían en Estados Unidos. Sin embargo, en Portugal —un país donde ni siquiera se habla inglés como lengua oficial— era uno de los autores más leídos dentro de su género. La mayor parte de sus lectores estaban allí.
En aquel momento pensé que era una de esas curiosidades del mundo editorial.
Este año he descubierto que, a veces, las historias deciden viajar por caminos que uno jamás habría imaginado.
Como algunos de ustedes saben, este año publiqué mis tres primeras obras en Amazon: La isla de la pereza, El escenario holístico terapéutico y La casa de Marta y María. Naturalmente, familiares y amigos adquirieron algunos ejemplares en Estados Unidos, pues vivo y escribo desde Puerto Rico.
Pero los primeros lectores desconocidos que comenzaron a encontrar mis libros llegaron desde México.
No esperaba eso.
Y debo confesar que me hizo muy feliz.
No porque México sea un mercado grande. Tampoco porque represente muchas ventas. Lo que me alegró fue algo mucho más sencillo: descubrir que, al otro lado de una pantalla, había personas que, sin conocerme, decidieron dedicarme unas horas de su tiempo.
Eso, para un escritor, es un regalo inmenso.
En varios artículos recientes he comentado que escribir es, para mí, una conversación. Uno escribe desde el silencio de su escritorio, pero siempre pensando en alguien que algún día abrirá el libro y comenzará ese diálogo silencioso con el autor.
Saber que esa conversación ya comenzó con algunos lectores mexicanos me llena de gratitud.
Espero, sinceramente, que esas páginas les hayan dejado algo útil: una reflexión, una sonrisa, una pregunta o, simplemente, un rato de lectura agradable. Si ocurrió cualquiera de esas cosas, entonces el esfuerzo de escribir ya valió la pena.
También me ha dado mucha alegría ver cómo El Tintero de Caballero continúa creciendo poco a poco. Cada semana llegan nuevos visitantes y, lo que más ilusión me hace, algunos regresan una y otra vez para leer el siguiente artículo.
Eso significa más de lo que imaginan.
Vivimos en una época donde el tiempo es uno de los recursos más escasos. Que alguien decida regalar unos minutos de su vida para leer algo que escribí es una muestra de confianza que procuro no tomar a la ligera.
A todos ustedes, estén en Puerto Rico, México o cualquier otro rincón del mundo, gracias.
Gracias por permitirme entrar, aunque sea por un momento, en sus pensamientos.
Gracias por escuchar mi testimonio, mis historias y mis reflexiones.
Mi deseo sigue siendo el mismo con el que comenzó este blog: compartir, mediante la escritura, aquello que he aprendido sobre la vida, la esperanza y el inmenso potencial para el bien que posee el ser humano cuando procura dejarse guiar por Dios y por sus buenos principios.
Las historias, al parecer, saben encontrar caminos que sus autores nunca imaginan.
Y eso, creo yo, también forma parte de la aventura de escribir.
Hasta la próxima.
Que tengan un excelente, hermoso y bendecido día, sin importar lo que hoy les depare la vida
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