Antes que nada, quiero dejar claro que el ego es una parte integral de la psiquis humana, y que tiene su función y que es imprescindible para la salud mental en general. Sin embargo, cuando el ego se amotina y toma las riendas de la persona, en vez de la persona llevar las riendas de su propia vida, a eso es lo que llamamos egotismo, egoísmo, o yoísmo. De manera jocosa, siempre digo que somos un yo-yo cuando somos egoístas, pues todo lo que hacemos es por y para yo, yo, yo, yo. Pero un yo-yo no se controla a sí mismo; el mismo está atado por una cuerdita a una mano, que en el caso del egotismo, es un inconsciente fuera de control, a veces caótico, el mismísimo diablo dentro de nosotros, por así decirlo. De esta manera, la persona narcisista, el egoísta por preferencia, cree que está en control de todo, pero en realidad es una marioneta bajo el control de facetas de su psiquis que tienen como base el yo.
Estas heridas, problemas pasados, asuntos sin resolver, que nos han traído a la vida que tenemos hasta ahora, puede ser resuelto con amor incondicional, o amor agape, como le llaman algunos. Este tipo de amor nace, se cultiva y se nutre de lo que yo llamo “nosismo” una relación, no con uno mismo como el enfermizo egoísmo, sino con “nosotros”, un grupo del cual formamos parte esencial.
Idealmente, ese grupo debería ser la familia, pero dado los tiempos en que vivimos, esto no se da en familia. A menudo, el que busca sanar sus problemas psíquicos, encuentra ese “nosotros” en una comunidad de pares, donde todos entienden, respetan, y verdaderamente aman a la persona, y la ayudan a sanar, no por vanagloriarse como individuos, sino para cultivar ese “nosotros”, que el grupo viva como un ente completo y sano. En los días en que vivimos, esto se encuentra en algunas comunidades de fe o espirituales. No estoy aquí para patrocinar una u otra, pero sí puedo decir que existen, y les sorprendería ver algunas de ellas. No es lo aque nos imaginamos.
Desde la perspectiva cristiana, de la cual estamos más familiarizados, sabemos que vale más dar que recibir, que hay beneficio en considerar a otros como superiores a nosotros, de no hacer tropezar al más débil, sacrificando nuestros gustos personales, por amor a la unidad del grupo, de la iglesia o congregación. Estos principios del “nosismo” estaban presentes en las comunidades primitivas cristianas. Así que el concepto no es nada nuevo.
Es mi deseo que podamos encontrar tal comunidad, donde formemos parte de algo más grande y mejor que nosotros mismos, donde el bienestar del entero vale más que el bienestar de la parte individual, sin menospreciar lo que la parte individual trae al entero. Este balance sano es de lo que se trata la vida.
¡Que tengas un excelente, hermoso y bendecido día, no importa lo que ocurra hoy!
— Z.D. Caballero
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